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Los Cuenteros (contando cuentos desde 2004)

Teléfono estropeado

Teléfono estropeado Seguramente, ustedes conocen ese juego: alguien susurra una frase al oído de su vecino, éste la repite al oído del vecino, y así sucesivamente, hasta llegar al último, que dice en voz alta: “Verónica, hijita, pero qué fea eres”, y eso resulta muy gracioso porque la frase original era “Si tú me dices ven lo dejo todo”. La frase, misteriosamente, va mutando de oído en oído y de boca en boca, y esto es causa de regocijo inmediato y honda preocupación después, porque resulta que el mundo es un caos, y uno con estos pelos.

Algo similar ocurre en el País Absolutamente Imaginario. El fiscal presenta la “prueba documental A”, el jurado, a instancias de juez, observa el “documento probatorio 1”, el alguacil se encarga de recoger la “Prueba 1”, y se la entrega al guardia jurado, que se encarga de llevar el “Legajo 3001-2-B” al archivo y entregárselo al encargado, quien lo mete en una bolsa y saca “la basura”. La prueba acaba siendo “residuo sólido” o vaya usted a saber qué, pero no acaba ahí la cosa.
No, esto no ha hecho más que empezar: el poderoso y malvado gran duque o lo que sea se libra de la justicia porque faltan pruebas que le incriminen, y la gente se enfada y se subleva. La consigna es derrocar al gobierno, y para ello la plebe se hace con palos y otras armas, pero al final la gente acaba pegando una paliza al alcalde, robando gallinas, meando en las farolas, y organizando campeonatos de mus.
Entonces el primer ministro respira tranquilo, el país está en calma de nuevo, el Emperador no se ha empeñado en mostrar su traje nuevo (hubiera sido bastante desagradable), y nadie se ha acordado de que vive en un país absolutamente imaginario.

Tales cosas pasan en tales países. O eso me han contado, aunque quizá realmente me han contado otra cosa.
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13 comentarios

Cerro -

La estatua de la libertad usaba gorra porque trabajaba en un McDonnals.

Juan José -

Todo esta perfecto! Pero falta algo, una mujer sapo, y la gorra que usaba la estatua de la libertad antes de tener coronita.

Para que una mujer sapo?...bueno, para que el hombre rana, no se sienta tan solo buscando las monedas en el fondo de la gorra.

Pero como es que la estatua de la libertad usaba gorra?...Siempre fue un gran secreto histórico, pero si, usaba gorra. De tanto pasarla, en el norte se quedaron con todas las monedas. A ella para que no reclame, su propiedad le pusieron coronita.

Bien, gracias! Le va muy bien! Puso un cementerio privado.

(sólo estoy jugando)

Cerro -

Cerro (con cara de emoción) -Necesito un buzón, Pakito, vamos, un gran buceador, un hombre rana de ésos, es que se me han caído al fondo del mar las monedas que nos echó Jimul en la gorra y hay que rescatarlas, y de paso buscamos las llaves de Mambrú.

¿Así, Pakito? ¿Ha quedado creíble?

Pakito -

recuerda, estás perdido en la montaña, y el buzón ya está muy lleno, vamos, que no cabe ni una sola carta más... ¡acción!

Pakito -

Cerro, dime que necesitas un buzón... pero ponle emoción a la cosa

Cerro -

Sí, un gran papel, como Chinpón, pero en lugar de cartón, de papel.

Pakito -

gracias por vuestros comentarios, cerro, chinpón y sofi (horrible la vero, sí)

gracias, juanjo, ¿puedo preguntar quién te contó lo del buzón? lo digo porque la historia estaría bien para hacer una versión cuentera... ya me imagino al Cerro haciendo el papel de viejecito de un pueblo perdido en la montaña, será colosal, un papel que recordarán los siglos, auguro...

Juan José Noche -

Me hizo reír mucho. Me recordó un cuento que me contaron; y así como me lo contaron, yo lo cuento.

En el país del Nunca Más, donde nunca más no existe, un intendente esta haciendo su campaña para su reelección. Llega a un pueblito perdido en la montaña, y las buenas gentes se reúnen a escucharlo. A grito pelado les dice: Si me votan les prometo que tendrán todo lo que necesiten. Quiero saber que necesitan para que en mi gestión, sus deseos se hagan realidad. Se produjo un murmullo y, de entre medio de la gente salió un anciano. El viejo en dialecto mapuche le dijo, “queremos tener un buzón”. Fue así, que el intendente logró un nuevo mandato y el pueblo tuvo su deseado buzón.

Pasaron los años, y llego al pueblo otro político haciendo campaña para intendente. La historia vuelve a repetirse, como dice el tango. Otra vez el viejo salió de entre la multitud, y en su lengua mapuche pidió al candidato un nuevo buzón, porque el que les colocó el intendente anterior, ya estaba lleno.

Un abrazo desde los afectos a los que hacen.

Chinpón -

Sí quiero fuego. Pero fuego de adentro de ti, de adentro de tu piel, ¿vale, guapa?

Cerro -

¡Chinpón! deja ya de ligar con la Sofi, que conozco una papelera de reciclar cartón que te mueres de miedo.

Sofi -

Chinpón, Chinpón...quieres fuego??

joer¡¡ con la vero que fea que es la tía, pero fea...

Chinpón -

Por cierto, que mira que es fea la Verónica ésa. La Verocacovisiónica la llaman.

Cerro -

Claro, quizá fui yo quien te contó esta genial historia para que la escribieses.

Bss.
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